4 jun. 2014

SOÑAR POSIBILIDADES


Tras una larga ausencia por el blog regreso. Pido disculpas por tan larga ausencia que se debe a que el Universo parece querer amortizarme y no para de darme trabajo, motivo de brindis en los tiempos que corren.

Este post, lo quiero dedicar a una reflexión que para mí es importante a la hora de afrontar los procesos de coaching. Como sabéis un proceso de coaching siempre persigue un objetivo, una meta, un resultado.

En coaching trabajamos con la fijación de objetivos SMART. La palabra inglesa SMART significa «inteligente», se utiliza como acrónimo de los adjetivos Specific (específico), Measurable (medible), Achievable (realizable), Realistic (realista) y Time-Bound (limitado en tiempo).

Por experiencia sé que el logro del objetivo no depende únicamente de la motivación de la persona,  sino que a esta hay que sumarle otras variables como la necesidad, la expectativa, las habilidades personales y el carácter de cada uno.  Y por supuesto, el tener una intención clara hace que las posibilidades de alcanzar esa meta aumenten.

Cuando comienzo un proceso de coaching, lo primero que me aseguro es de la disposición de la persona para trabajar durante el proceso y en relación al objetivo que esa persona busca obtener siempre añado: “No te aferres al resultado, ahora mismo tenemos un lugar hacia donde dirigirnos, una referencia, tal vez, por el camino todo cambie y sientas que en realidad es otro lugar al que realmente deseas llegar.”

Por lo general y en el mundo del coaching en concreto,  se cree que tener un objetivo claro es algo bueno, ya que nos indica que la persona sabe lo que quiere y  lo persigue; sin embargo cuanto puede hacer este planteamiento que esta persona vea única y exclusivamente su objetivo y nada más. Es decir, que esté tan concentrada en llegar a la cima de la montaña, que se esté perdiendo disfrutar del camino.

Plantearse fines en la vida no solo es aconsejable sino necesario, pues no hacerlo significa dejar de soñar posibilidades, pero las metas no deben ser tan inflexibles que nos impidan saborear otras alternativas mientras trabajamos en su logro e incluso cambiarlas. Las metas siempre llevan aparejadas  expectativas, estas suelen ser el motor para movilizarnos y muchas veces la causa de la frustración una vez logrado, ya que lo soñado superaba la realidad de lo que es. Por eso es importante disfrutar del camino sin prisas, aprendiendo, saboreando cada etapa que nos va acercando hacia esa meta deseada.

En los últimos años estoy haciendo algo diferente, cuando viajo en coche y tengo que ir a cualquier lugar decido no seguir las rutas recomendadas por el sentido común, el GPS de turno, más bien prefiero tomar las carreteras secundarias, al fin y al cabo, todos los caminos llevan a Roma, y el hacer esto me permite disfrutar de los paisajes, de una conducción más tranquila, así como descubrir lugares fantásticos a los que de otro modo nunca hubiera llegado.

Con ello no estoy animando a no fijarse objetivos, sino que más bien creo que entre la ausencia de estos y la rigidez de fijarlos tan acotados hay un mundo de posibilidades.

El objetivo de Rafael Alberti era ser un gran pintor, pasaba horas y horas en el Museo del Prado copiando cuadro, algo pasó en su vida que le permitió abandonar esa ciega fijación  y descubrir al gran poeta que en realidad llevaba dentro.

Astor Piazzolla renuncio a un trabajo en un banco y centró sus esfuerzos en la música clásica donde nunca resalto, para un buen día descubrir que aquello que conocía desde su infancia y que rechazaba, los tangos, sería lo que le llevaría a alcanzar la fama. Fue capaz de renovar el tango introduciendo influencias de la música clásica y del jazz, lo transformó.

Tener metas nos sirve para iniciar un viaje hacia un lugar que pensamos, va a mejorar nuestra situación actual, nos sirve para poder usar la brújula y no ir a la deriva en nuestra vida, con la flexibilidad de poder cambiar si nos damos cuenta que en realidad ese paisaje no nos gusta y no estamos disfrutando.

No concibo mejor final para este post que los versos finales que escribió el poeta Kavafis en su poema Ítaca:

Ten siempre a Ítaca en tu mente. 

Llegar allí es tu destino. 
Más no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje. 

Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. 

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya qué significan las Ítacas.


Lourdes Morales
Professional Certified Coach-PCC
Personal, Executive & Team Coaching
lourdes.coachpersonal@live.com 
 

4 comentarios:

  1. Bienvenida Lourdes, se te echaba de menos, pero como tú muy bien dices, tener trabajo en los tiempos que corren es un lujo, un lujo que llega a tí porque tú eres muy buena y te abres a la abundancia del Universo.Como siempre( y permíteme la expresión) has estado "sembrada" en este texto. Un abrazo.Pruden

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    1. Gracias Pruden. Un abrazo de todo corazón.

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  2. Gracias por este post que ha llegado de manera casual a mí. Aunque no soy un "creyente" del coaching, me ha gustado mucho leerte. Saludos desde Gran Canaria. Jose

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    1. Hola José, parece que has tenido una mala experiencia con el coaching, Espero que esa creencia desaparezca y puedas disfrutar de su grandeza.
      Eres muy bienvenido a participar con tus comentarios en este blog y muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

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